..« ¡Las mujeres parisinas son incomprensibles!»

escribió Honoré de Balzac en La amante imaginaria en 1842. El escritor francés sabía bien que la mujer parisina es única. De Juliette Greco a Simone de Beauvoir, Coco Chanel y Brigitte Bardot, su elegancia e irreverencia siempre han alimentado nuestra imaginación. ¿y si ese misterio, ese je ne sais quoi tuviera su origen en el cuarto de baño de estas mujeres?


« ¡París era una fiesta!»

escribió Ernest Hemingway en 1920 después de trasladarse a la capital francesa, la meca para artistas del mundo entero. En aquel momento, el joven autor vivía de amor y vino… Pero ¡¿qué importaba?! Vivía en el museo más hermoso del mundo: París. Los habitantes de París están en contacto cada día con pinturas excepcionales, estatuas y maravillas arquitectónicas realizadas por manos humanas.



No es de extrañar que las mujeres parisinas desarrollaran una elegancia innata al criarse en estas calles extraordinarias.

Para entenderlo, basta con pasear por las orillas del Sena, junto a los libreros de la margen derecha, cruzar el Pont des Arts y dirigirse a la Academia Francesa.

Subir la rue Bonaparte hasta la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, sentarse en la terraza del Café de Flore y pedir un café. Si cruzas la Place Saint Sulpice,puede que veas fugazmente a Catherine Deneuve en su terraza interior.

Jacob Delafon se inspira en la magia de estos lugares.